La demencia es un síndrome clínico causado por una enfermedad neurodegenerativa y caracterizado por un deterioro persistente y progresivo cognitivo y físico. Dicho deterioro conlleva una pérdida de la autonomía del paciente, que se va haciendo cada vez más dependiente. Las alteraciones típicas en la anatomía cerebral afectan al mecanismo de transporte y comunicación neuronal y deriva en muerte neural, tras lo cual se produce atrofia cortical.

Entre un 5% y un 8% de la población general de 60 años o más sufre demencia, afectando a unos 50 millones de personas.

A rasgos generales, los signos y síntomas relacionados con la Enfermedad de Alzheimer se pueden incluir en tres etapas.

-Etapa temprana: a menudo pasa desapercibida, ya que el inicio es paulatino. Los síntomas más comunes incluyen pérdidas de memoria, desorientación temporal y espacial, y problemas atencionales. Desde las etapas tempranas de la patología, los enfermos son totalmente ajenos a sus déficits, y hacen confabulaciones para justificar sus fallos.

-Etapa intermedia: a medida que la demencia evoluciona, los signos y síntomas se vuelven más evidentes y limitadores. En esta etapa las personas afectadas empiezan a olvidar acontecimientos recientes, mostrar problemas de razonamiento y se acentúa la desorientación.

-Etapa tardía: en la última etapa de la enfermedad, la dependencia y la inactividad son casi totales. Las alteraciones de la memoria son graves (dificultades para reconocer personas cercanas, desubicación, necesidad de ayuda para el cuidado y aseo personal) y los síntomas y signos físicos se hacen más evidentes (dificultades para caminar o manipular objetos). Además, se dan alteraciones del comportamiento que pueden exacerbarse y desembocar en agresiones.

En cuanto al tratamiento, la primera opción y más importante, es el abordaje individualizado en el que cada profesional trabaja las necesidades específicas de cada paciente. Y, por otra parte, el acceso a un grupo en el que pueda relacionarse mediante talleres con iguales para reducir el aislamiento. Estos talleres pueden ser un buen complemento al tratamiento. Sin embargo, es importante enfatizar la importancia de trabajar de manera individual con cada paciente para lograr efectos en el tratamiento.

Tratamiento de Neuropsicología:

El tratamiento de neuropsicología está dirigido por un lado a orientar y dar pautas a los familiares, y por otro lado, al tratamiento directo con el paciente. El tratamiento consiste en trabajar ejercitando las funciones cognitivas afectadas como pueden ser la memoria, la orientación espacio-temporal, las capacidades gnósicas, el razonamiento y otras afectaciones cognitivas comunes en la Enfermedad de Alzheimer y a prevenir la aparición de nuevas alteraciones cognitivas. Además se entrenará en estrategias compensatorias para minimizar los efectos del deterioro cognitivo.

Tratamiento de Terapia Ocupacional

Nuestra intención es alargar la participación en las actividades de la vida diaria, fortaleciendo y afianzando rutinas y roles dentro y fuera del hogar. Así mismo se trabajará reforzando aquellos aspectos cognitivos implicados en las actividades de la vida diaria que resulten deficitarios y creando estrategias compensatorias que permitan a la persona participar en las actividades a un nivel adecuado a su capacidad. 

Según la fase y el nivel de avance de la enfermedad, el tratamiento evolucionará y se adaptará el entorno minimizando los estímulos y distractores, se adoptarán medidas de seguridad y se facilitará el acceso al domicilio, las actividades de la vida diaria y los objetos relacionados con ellas mediante letreros, recordatorios, carteles o secuencias de pasos para seguir en una actividad. Todo ello requiere un constante entrenamiento y experimentación en el domicilio y entorno de la persona con el fin de reforzar su participación con su entorno. 

Tratamiento de Fisioterapia:

El tratamiento irá enfocado según la fase en la que nos encontremos:

Fase I. Inicio de síntomas: Se potencia la movilidad para prevenir atrofias y rigideces articulares, se realiza entrenamiento de la marcha, ejercicios de coordinación y equilibrio y también se trabaja mediante técnicas de fisioterapia respiratoria y de reeducación postural, todo para preservar la independencia del paciente.

Fase II. La colaboración es menor por el deterioro cognitivo: Se mantienen las máximas capacidades posibles de movilidad, marcha e independencia en actividades básicas de la vida diaria. Para ello se hace uso de las técnicas mencionadas antes, insistiendo en estiramientos. También se proponen actividades de destreza manipulativa con diferentes objetos. Se insistirá en entrenar la marcha a diario evitando los periodos de sedestación prolongada.

Fase III. Paciente encamado con alto deterioro cognitivo y motor. Poca capacidad motora. Consiste en realizar cuidados posturales del encamado  y fisioterapia respiratoria.

Tratamiento de logopedia:

Uno de los principales objetivos del logopeda en esta enfermedad es trabajar las funciones intactas y ralentizar al máximo el avance de las afectadas en el aspecto comunicativo y deglutorio. Siendo más específicos, el logopeda será el encargado de tratar el deterioro de la capacidad lingüísticas, en la que aparecerán problemas para encontrar la palabra que quieran expresar, dificultades para comprender el lenguaje, alteraciones en la lectoescritura, la categorización, asociación y otras capacidades lingüísticas.

Y, de igual manera, en los problemas que podrán ir surgiendo en la alimentación en el transcurso de la enfermedad, realizando adaptaciones de la dieta y dando pautas para la alimentación, a la vez que se controla el estado de la función deglutoria, evitando problemas como la asfixia o la pulmonía por aspiración, que se producen en patologías que pueden cursar en el alzheimer como es la disfagia.

 

 

Comparte esta noticia en tus redes sociales ¡Gracias!